La crisis energética golpea fuerte al norte del país. Una intensa ola de calor satura la infraestructura de distribución y expone la falta de presupuesto para el mantenimiento preventivo. La operación de CFE en Monterrey se encuentra bajo una presión extrema que afecta el suministro en los hogares.
Presupuesto a la baja frena las reparaciones
La falta de mantenimiento preventivo y el recorte de fondos federales complican el panorama actual de la empresa paraestatal. El presupuesto destinado a la distribución sufrió una caída real del 1.8 por ciento en comparación con el ejercicio anterior. Esta disminución de recursos impacta directamente en las tareas diarias de mantenimiento y agrava los reportes por fallas en el servicio residencial.
Por su parte, las auditorías oficiales detectaron retrasos graves en la entrega de refacciones esenciales para las redes de las colonias. Aunque las cuadrillas de técnicos están disponibles, la falta de insumos detiene los trabajos en los municipios conurbados. El enfoque de inversión federal priorizó las plantas de generación, dejando en el olvido la renovación de los circuitos de los barrios.
A pesar de que el gobierno federal mandó camiones y personal extra para mitigar la emergencia, los ciudadanos siguen sin luz. La red vecinal no aguanta el flujo actual debido al histórico rezago en la modernización de los cables locales. Como consecuencia, las familias sufren las consecuencias del desabasto mientras los recursos disponibles no alcanzan para solucionar el problema de raíz.

Consumo histórico y alerta técnica en el sistema
El estado enfrenta un escenario complejo por su alta dependencia de la energía externa durante las temporadas de temperaturas extremas. La entidad consume el 40 por ciento de la demanda eléctrica del Noreste, rebasando constantemente los límites de su propia capacidad instalada. Cuando el termómetro sube de forma alarmante, el sistema de transmisión trabaja de forma forzada para evitar un colapso generalizado.
Para compensar el déficit local, el Centro Nacional de Control de Energía debe traer electricidad desde Coahuila y Tamaulipas. Sin embargo, las líneas de transmisión periféricas operan a su máxima capacidad y pierden estabilidad con el calor extremo. Esta inyección de energía desde el exterior provoca variaciones de voltaje constantes que dañan los puntos de interconexión regionales.
Los reportes oficiales indican que el margen de reserva de la región cae por debajo del 12 por ciento con temperaturas extremas. Esta situación coloca al sistema en una alerta técnica que pone en peligro la continuidad del servicio en la metrópoli. Si las condiciones climáticas no ceden, el riesgo de apagones prolongados aumentará de forma considerable en los próximos días.

Infraestructura obsoleta ante la expansión urbana
Las redes de las colonias de la zona metropolitana muestran signos evidentes de deterioro por la falta de renovación tecnológica. Los transformadores instalados en los postes truenan de forma simultánea debido al uso masivo de los aparatos de aire acondicionado. El cableado antiguo de baja tensión no soporta la carga de los hogares que buscan mitigar el impacto ambiental.
Al mismo tiempo, el crecimiento de los parques industriales por el fenómeno del nearshoring añade una presión constante a las subestaciones locales. Los empresarios señalan que la edificación de naves comerciales consume una gran cantidad de energía que debilita el circuito público. Esta competencia por el recurso eléctrico deja desprotegidos a los sectores habitacionales más antiguos de la ciudad.
El plan federal de expansión contempla soluciones técnicas que tardarán entre dos y cinco años en verse reflejados en la región. Mientras tanto, la operación de CFE en Monterrey sigue amarrada a la importación de gas natural texano para hacer funcionar sus plantas. La falta de almacenamiento estratégico de combustible deja al estado vulnerable ante cualquier eventualidad internacional o climática futura.
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